.

.

domingo, 2 de noviembre de 2014

NOVIEMBRE, MES DE LOS DIFUNTOS

Los Concilios ecuménicos II de Lyon, Florencia y Trento definían el fundamento dogmático de ese sano presentimiento del Pueblo de Dios. El Concilio Vaticano II recoge: “… Algunos entre los discípulos (de Cristo)… ya difuntos se purifican, mientras otros son glorificados…” (L.G. nn. 49-50). Alude luego a lo que es tradición de siempre de la iglesia: “el sacrificio de la Misa, las oraciones, limosnas y otras obras de piedad que según las leyes de la iglesia han acostumbrado hacer unos fieles por otros…” (Conc. II de Lyón, Dz 856).

Es buena la insistencia, con el Purgatorio de fondo, cuando se acaba el Año Litúrgico: ¡Orar por los que acabaron su historia!

El pueblo, que propende a sensibilizar y materializar toda su fe, de pronto se arremolinó con flores y adornos, con luces y limpieza en torno a los sepulcros en nuestros cementerios: si se habla de triunfo en el Cielo, ¡aquí están los cuerpos de nuestros Santos…!

Por su parte las Hermandades y Cofradías tienen la costumbre de vestir a sus dolorosas de luto. Las tonalidades oscuras, el color negro… se hacen habituales en las prendas y vestimentas de las dolorosas en éste mes.

Las vírgenes titulares de las distintas hermandades y cofradías visten atuendos caracterizados por la sencillez y sobriedad que dan los ropajes oscuros, color que simboliza duelo, tristeza, penitencia, vigilia y soledad.

Es por ello que las imágenes marianas y dolorosas visten de riguroso luto en el mes de noviembre, para hacernos saber a los cristianos que es un mes para recordar a todas aquellas personas que no se encuentran entre nosotros y así adorar a sus ánimas benditas.